Opinión · Columna

Dándole la espalda al mar

Río Grande nació mirando al mar, pero con el paso de los años fue perdiendo ese vínculo. Recuperar la actividad pesquera, formar nuevas generaciones y aprovechar nuestros recursos marítimos podría abrir una nueva oportunidad para el desarrollo económico y productivo de la ciudad.

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Dándole la espalda al mar

Preocupado por el desarrollo económico de la ciudad de Río Grande, y recordando que los antiguos pobladores, los Selk'nam, empleaban la pesca como recurso alimentario para sus familias, utilizando medios precarios de navegación, retomé un proyecto que en su momento presenté, referido a poner una mirada diferente sobre las riquezas ictícolas existentes en nuestras costas fueguinas. En el mismo proponía la creación de un instituto de enseñanza media con orientación pesquera y en navegación, articulado con una tecnicatura.

Viendo que, evidentemente, se le sigue dando la espalda a los recursos marítimos cercanos a nuestras costas, comparto la iniciativa de llevar a cabo una propuesta que dé valor a la pesca como medio de alimentación y recurso económico para la ciudad, de forma tal que esos muelles abandonados recobren actividad para una pesca artesanal y comercial, incluyendo dentro de las actividades que pueda ofrecer Río Grande la posibilidad de desarrollar también, como atractivo turístico, la aventura de pasear en embarcaciones y llevar a cabo la pesca deportiva por el río de nuestra ciudad.

El proyecto al que me refería al inicio de la nota fue estudiado y tratado con las autoridades de la Prefectura Naval Argentina, Región Río Grande. A través de contactos y relaciones con otras entidades nacionales, se obtuvo el programa analítico referido a la carrera naval, que contenía una serie de opciones acordes a los diferentes intereses surgidos de la misma población. En él se contemplaban distintos niveles de estudios técnicos y teóricos, que podrían dictarse con recursos humanos aportados por diferentes instituciones de la ciudad (Prefectura Naval, Batallón de Infantería, UTN, CENT, entre otras).

Vienen a mis recuerdos épocas del Río Grande en las que embarcaciones, como la última Yactemi, aprovechando los canales naturales, atracaban en el muelle de Río Grande con fines operativos y generaban para el poblador un movimiento más que le daba vida a la ciudad cada vez que arribaban.

Y de esos tiempos, no muy lejanos —aproximadamente del año 1980—, mantengo viva en mi memoria la figura del Vasco Echeverría, quien, durante la época de Chiquito Martínez como intendente de la ciudad, iba mostrando con orgullo el trabajo que le llevó años para construir una embarcación de buen porte, con la finalidad de trabajar en un emprendimiento pesquero.

Había sido un domingo a la mañana y un grupo minúsculo de autos, de admiradores de aquellos que persiguen y logran sus sueños, acompañábamos al Vasco y su sueño hecho realidad, con bocinazos de alegría.

Hoy debemos cambiar nuestra perspectiva cultural de trabajo. Todo debe comenzar nuevamente, pero eso sí, creyendo más en los recursos genuinos que en espejitos de colores (Ley 19.640).

Para ello, resulta necesario que los gobernantes se aparten de cierto conformismo y empiecen —nunca es tarde— a cambiar la mirada, buscando nuevas oportunidades para el desarrollo de la región.

Interpreto, como ciudadano inconformista por lo que está atravesando nuestra ciudad, que los responsables de la conducción deben salir del letargo en el que nos encontramos, trabajando por un cambio y teniendo en cuenta nuevos desafíos, de modo que revirtamos esta cruda realidad de cierres, suspensiones y vaciamiento, evitando que la queja impere y que muchos quieran irse para buscar rumbos más prometedores.

Antecedentes en la provincia existen, como el muelle que fue considerado por la Provincia y el Municipio como un espacio a recuperar, teniendo en consideración que, en el año 2022, se destacaba que este muelle, hoy no operativo, era de importancia para embarcaciones de logística, ya que existe en nuestro mar una base no explotada de producción real.

Si me preguntan cómo pienso nuestro Río Grande, les diría: con una logística dispuesta estratégicamente hacia los recursos naturales, en donde sobresalga la mano de obra local y especializada para la extracción, producción, comercialización, mantenimiento y distribución, entre otras actividades, de los frutos del mar.

¿Cuál es la primera idea para el cambio?

DISEÑAR UNA ESCUELA TÉCNICA NAVAL, PESQUERA Y DE CONSTRUCCIÓN NAVIERA.

Dejo para los interesados los aspectos sobresalientes que la institución educativa debería considerar como fundamentales dentro de sus contenidos teóricos y prácticos, a desarrollar en los distintos niveles:

  • Navegación: considerando un conjunto de materias y objetivos que involucren curso de marinero, seguridad náutica, meteorología, supervivencia, mareas y corrientes marinas, cartografía, entre otros.

  • Mecánica naval: destinada a la reparación de motores internos y fuera de borda, instrumental, electricidad, etc.

  • Construcción naval: abarcando el amplio espectro de tipos de embarcaciones y carpintería naval, reparación de cascos, lectura y diseño de planos, entre otros.

  • Economía ictícola: biología marina, manipulación del pescado, recursos pesqueros, cadena de procesamiento, gastronomía marina, etc.

¿Sería esto posible?

Me adelanto a los pesimistas y afirmo: “Todo es posible”. Basta empezar a pensar en grande con nuestros recursos. Seguramente, a esta propuesta habrá que sumar más ideas y, mejores aún, Dios quiera que se generen más debates y desafíos sobre lo que la Provincia necesita.

Eso sí, lo que no puede estar ausente son los compromisos políticos y la responsabilidad que estos deben tener para encontrar las oportunidades existentes, porque, como esta, hay muchas otras también en la provincia.

Nuestra ciudad presenta actualmente una marcada discontinuidad entre lo geográfico y el recurso productivo, educativo y tecnológico de nuestra costa fueguina.

Sintámonos parte del cambio y no pongamos más fantasmas a una provincia que está entre las más deprimidas y que, geoestratégicamente, es una de las más importantes del país por su proyección antártica.

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