La desesperación de una familia de Río Grande quedó expuesta a través del testimonio de Leandro Flores, un vecino de 57 años que lleva varios años buscando asistencia para sus tres hijos, de 19, 27 y 34 años, quienes atraviesan situaciones de consumo problemático de drogas. El hombre aseguró que las respuestas institucionales recibidas hasta el momento no consiguieron resolver la situación y reclamó una intervención que permita acceder a tratamientos adecuados. El vecino del barrio Austral relató que tanto él como su esposa, de 60 años, viven en permanente preocupación por el estado de sus hijos. Las dificultades de convivencia, las recaídas y los períodos en los que los jóvenes permanecen fuera del hogar terminaron afectando profundamente la tranquilidad familiar. “Hay días que no dormimos. No dormimos porque estoy con el corazón en la boca, porque tengo miedo”, expresó. Durante una entrevista con Jorge “El Pulpo” Águila, en el programa Está Pasando , de FM After 103.7, Flores contó que acudió a diferentes organismos públicos, profesionales de la salud y dependencias judiciales para conseguir asistencia. Sin embargo, sostuvo que las alternativas ambulatorias ofrecidas no lograron garantizar la continuidad de los tratamientos. “Yo necesito, qué sé yo, ya no sé a dónde recurrir porque fui al juzgado, pido ayuda por todos lados. Lo único que me ofrecen es ambulatorio, pero no me sirve de nada”, manifestó. Uno de los antecedentes que recordó ocurrió en 2018, cuando solicitó una evaluación médica para uno de sus hijos. Según explicó, en aquella oportunidad se consideró la posibilidad de una internación y el joven fue trasladado a Ushuaia acompañado por su madre, aunque finalmente regresó sin ingresar a ese dispositivo de atención. Desde entonces, aseguró, la familia continuó buscando alternativas sin encontrar una solución sostenida. El hombre señaló que sus hijos reconocen en determinados momentos la necesidad de recibir ayuda, pero posteriormente abandonan las consultas profesionales. Esta situación, explicó, genera un desgaste constante porque cada intento de recuperación que no consigue mantenerse termina renovando la preocupación de toda la familia. “Yo les digo dejate ayudar, yo voy a ir a golpear puertas, voy a pedir ayuda para ver qué hago”, relató. A las dificultades familiares se suma una situación económica complicada. Flores permanece sin trabajo estable desde hace ocho meses y actualmente subsiste mediante changas y actividades ocasionales. Según explicó, sus ingresos apenas alcanzan para afrontar los gastos cotidianos, por lo que no dispone de recursos suficientes para financiar tratamientos privados. “Tengo que comer, tengo que pagar cuentas y no me alcanza”, señaló, al describir las limitaciones que enfrenta para asistir a sus tres hijos. El vecino también reconoció que los problemas de consumo derivaron en conflictos con personas del barrio y situaciones de presuntos robos que atribuyó a sus propios hijos. Contó que recibió reclamos por la desaparición de herramientas y pertenencias, y que en algunas oportunidades intentó recuperar los objetos para devolverlos. “Yo a mi hijo no le enseñé a robar, no le enseñé a drogarse”, expresó, al referirse al dolor que le provocan estos episodios y los cuestionamientos de algunos vecinos. Sus afirmaciones corresponden a su testimonio y no implican una constatación judicial de los hechos mencionados. Flores aseguró además que la problemática no se limita a su familia. Según su percepción, en el barrio Austral existen otros hogares que atraviesan circunstancias similares y adolescentes que comienzan a consumir sustancias a edades tempranas. “Pero no por solo mis hijos, hay muchos chicos que están ahí. Y nadie hace nada, Jorge, nadie”, afirmó. También manifestó preocupación por presuntos lugares de comercialización de drogas, aunque esas denuncias requieren investigación de las autoridades competentes. Entre sus principales pedidos se encuentra la posibilidad de acceder a dispositivos de tratamiento más intensivos, incluida una eventual internación si corresponde. En Argentina, la Ley Nacional de Salud Mental 26.657 establece que las internaciones involuntarias son excepcionales y requieren evaluaciones profesionales interdisciplinarias, además del cumplimiento de condiciones legales específicas. Por ese motivo, una medida de estas características no puede disponerse únicamente por la solicitud de un familiar. El vecino insistió en que necesita una respuesta coordinada entre los organismos sanitarios, judiciales y de asistencia social. También pidió que la comunidad comprenda las dificultades que atraviesan los familiares de personas con consumos problemáticos, quienes muchas veces deben enfrentar situaciones complejas sin contar con los recursos o las herramientas necesarias. “Una cosa es que yo estoy contando lo que estoy diciendo acá, la otra es vivir”, reflexionó. En el tramo final de la entrevista, Flores dirigió su reclamo a las autoridades provinciales y municipales para que intervengan y contribuyan a encontrar una alternativa de atención para sus hijos. Aseguró que no pretende desentenderse de ellos, sino conseguir ayuda profesional que permita mejorar su situación y recuperar cierta estabilidad familiar. El testimonio deja planteada una problemática que excede el caso particular y vuelve a poner en discusión la disponibilidad de tratamientos, la continuidad de la atención y el acompañamiento a las familias afectadas por los consumos problemáticos en Río Grande. Después de años de intentar encontrar una respuesta, el padre resumió su situación con un pedido que refleja el agotamiento que atraviesa: “Ya no doy más, no doy más, por favor, no doy más. Necesito ayuda”. ]]>
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Un padre de Río Grande pide ayuda para sus tres hijos con problemas de adicciones: “Ya no doy más, necesito ayuda”
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