Cada 2 de septiembre, mientras la Argentina celebra el Día de la Industria, en Tierra del Fuego lo vivimos de una manera distinta. No es una fecha más del calendario. Es un día que nos habla de quiénes somos. Por eso quiero dirigirme hoy a cada trabajador y cada trabajadora de la industria fueguina, a quienes cada día se ponen el uniforme y sostienen con sus manos lo que somos como provincia, y también a todo el pueblo de esta tierra, para decirles algo simple: la industria no es un sector de la economía para nosotros. Es parte de nuestra identidad.
USHUAIA (Por Walter Vuoto, Intendente de Ushuaia) .- Cuando en 1970 se relevó la población, éramos poco más de 13.000 personas viviendo en el fin del mundo. Hoy somos casi 200.000. Ese crecimiento no fue casualidad ni fue solamente producto del paisaje que nos regaló la geografía. Fue, en gran medida, consecuencia de una decisión política: la Ley 19.640 y el régimen de promoción industrial que convirtió a Ushuaia y Río Grande en el corazón pro-ductivo más austral del planeta.
Familias enteras llegaron desde distintos puntos del país para hacer su vida acá porque acá había una fábrica que las esperaba. Esa es nuestra historia y es una historia de la que no nos vamos a correr.
Por eso, cuando decimos «Hecho en Tierra del Fuego», no hablamos solamente de un sello en un teléfono, un televisor o un electrodoméstico. Hablamos de nuestra matriz pro-ductiva, del trabajo y de miles de familias fueguinas que construyeron su vida, su casa y su futuro alrededor de una línea de producción.
Ese sello es nuestro. Lo construimos nosotros, con las manos de nuestros trabajadores y trabajadoras, y lo vamos a seguir defendiendo.
No les voy a hablar hoy solamente de orgullo, porque hay muchos que la están pasando mal. Hay fábricas con menos turnos, compañeros y compañeras que perdieron su trabajo y familias que hoy tienen que hacer malabares para llegar a fin de mes.
No lo voy a esconder ni lo voy a minimizar. La industria fueguina se construyó siempre diciendo la verdad y peleando con los hechos. Lo que le está pasando a nuestra industria no es un accidente. Es consecuencia de un contexto de políticas nacionales de vaciamiento y destrucción, de decisiones, que se toman lejos de acá y que muchas veces no tienen en cuenta lo que representamos para el país.
Frente a ese contexto, nuestra respuesta no es la resignación. Es la acción.
Conozco esta tierra y conozco a su gente. Sé lo que somos capaces hacer los fueguinos. A cada uno y cada una de ellas quiero decirles que no están solos.
Vamos a seguir acompañando a cada familia que hoy la está pasando mal. Seguiremos defendiendo, con los mismos argumentos con los que siempre lo hicimos, que esta industria es sinónimo de soberanía, de arraigo y de futuro para la Argentina entera.
A la industria fueguina, a sus trabajadores y trabajadoras y a todo el pueblo de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur: gracias por sostener, todos los días, lo que somos.
El compromiso sigue siendo el mismo de siempre: trabajar.
Y, como lo vengo diciendo, “vamos a volver a ponernos de pie.»



