Analizamos la situación actual de la Armada Británica para comprender qué capacidad tiene dicha fuerza para proyectar poder y los enormes desafíos que tiene por delante frente a malas decisiones políticas y una falta de percepción de la realidad de Gran Bretaña.
Por Santiago Rivas
La creciente tensión alrededor de la cuestión Malvinas, aunque la Argentina ha sido clara en que apunta a recuperar las islas basándose en el derecho internacional y no ha realizado ninguna acción de provocación hacia los británicos donde amenace con el uso de la fuerza, ha sido tomada por estos últimos para poner en relieve el estado de sus fuerzas navales y la decadencia de la Royal Navy. Si bien no se prevé un conflicto entre ambos países, resulta de valor analizar cuál es la capacidad actual de dicha armada para tomar en cuenta qué capacidad de disuasión real tienen. En mi reciente visita a Gran Bretaña, dialogando con varios especialistas en temas navales y oficiales retirados de la Royal Navy, me decían en tono de broma que este era el momento para que la Argentina recupere las Malvinas, ya que ellos no tenían ninguna capacidad de volver a tomarlas, aunque mi respuesta fue que nosotros tampoco teníamos ninguna capacidad para volver a desembarcar en las islas.
La sensación general que se percibe en la Royal Navy es la de una decadencia que se da en un mundo cada vez más inestable, donde la amenaza rusa está creciendo y se vuelve más latente, mientras la fuerza no puede hacer frente a crisis en otras partes del mundo en donde operan sus aliados, como es en Medio Oriente o el Lejano Oriente.
Esto se da cuando la Royal Navy atraviesa una crisis estructural caracterizada por una severa reducción cuantitativa y operativa. La flota de superficie y auxiliar se ha reducido a poco más de 60 buques en total, contando con apenas unos 13 buques principales de combate de superficie (portaaviones, destructores y fragatas), mientras que para 1982 la flota contaba con más de 230 buques, además de embarcaciones auxiliares menores, incluyendo 16 submarinos, 4 portaaviones, 14 destructores y 48 fragatas (más tres fragatas y cuatro destructores en construcción). Además, la capacidad real en la práctica es sustancialmente menor: solo una fracción reducida de estos escoltas se encuentra desplegada en el mar en un momento dado, mientras el resto permanece inmovilizado por largos periodos de mantenimiento, falta de repuestos o severa escasez de tripulaciones.
Por ejemplo, al momento de escribirse esta nota, de los seis destructores Tipo 45 en dotación, solo los HMS Dauntless (D33) y Dragon (D35) están operativos y de las cinco fragatas Tipo 23, solo las HMS Portland (F79), Sutherland (F81) y St Albans (F83) lo están.
Planes de Modernización y Reorientación Estratégica
Bajo la visión estratégica del actual Primer Lord del Almirantazgo, el General Sir Gwyn Jenkins, la Royal Navy está evolucionando desde un enfoque centrado tradicionalmente en plataformas hacia un modelo de fuerza híbrida y "sistema de sistemas". Ante las restricciones materiales y el resurgimiento de amenazas de alta intensidad, el Reino Unido ha reorientado prioritariamente sus operaciones hacia el Atlántico Norte y el High North (Ártico) para proteger las líneas de comunicación marítimas y la infraestructura crítica submarina de la OTAN. Esta concentración en el Atlántico implica una admisión implícita de límites estructurales, reduciendo la capacidad de mantener una presencia permanente en otros teatros globales como el Indo-Pacífico, el Golfo Pérsico o el Atlántico Sur (Malvinas).
Desafíos Principales y Recortes Presupuestarios
El factor más corrosivo que enfrenta la marina es la crisis de reclutamiento y retención de personal. Las incorporaciones a la formación militar han caído un 27% por debajo de los objetivos, generando un déficit directo de más de 1.600 efectivos sobre una plantilla autorizada de aproximadamente 30.540 personas (incluidos los Royal Marines).
A esto se suman los continuos recortes e ineficiencias presupuestarias. Para ahorrar costes inmediatos o aliviar la falta de personal, el gobierno ha implementado bajas anticipadas de plataformas antes de que sus reemplazos estén listos. Esto ha derivado en la retirada prematura de fragatas Tipo 23, buques hidrográficos (HMS Echo y HMS Enterprise), los buques de asalto anfibio clase Albion (ambos vendidos a Brasil, de los cuales uno será usado como fuente de repuestos y su casco desguazado y el otro está muy cerca de iniciar su viaje de traslado a Brasil), cazaminas tradicionales y buques tanque de la Royal Fleet Auxiliary (RFA), generando vacíos de capacidad que se prolongarán durante años.
Respuesta a amenazas contemporáneas (Rusia y el entorno global)
La principal amenaza que cataliza la estrategia británica es Rusia. Mientras que sus fuerzas terrestres y aéreas han sufrido un fuerte desgaste en Ucrania, la marina rusa —y en particular su flota de submarinos de propulsión nuclear (clases Yasen y Borei)— permanece prácticamente intacta y en proceso de modernización. La actividad submarina rusa en aguas británicas y el Atlántico ha aumentado significativamente (alrededor de un 30 %), amenazando los cables submarinos de fibra óptica, oleoductos y gasoductos. Para contrarrestarlo, el Reino Unido lidera esfuerzos de control del mar en el Euro-Atlántico junto a aliados como Noruega y miembros del Joint Expeditionary Force (JEF).
Estado de la Flota
Actualmente, la flota se ubica en tres bases principales: HMNB Portsmouth, HMNB Devonport (Plymouth) y HMNB Clyde (Faslane, Escocia), además del comando de la Armada en el Henry Leach Building en HMS Excellent, Whale Island (Portsmouth) y el Centro de Comando en Northwood. También posee el UK Naval Support Facility en Bahrain (allí se encontraba basada la fragata HMS Lancaster, pero fue dada de baja recientemente, por lo que no ha quedado ninguna fragata fuera del Reino Unido), el Escuadrón Gibraltar (con un patrullero clase River Batch 2, actualmente el HMS Scott), las instalaciones de Mare Harbour en Malvinas (con otro clase River Batch 2, actualmente el HMS Medway) y el Caribe (actualmente con el patrullero HMS Trent), así como distintos centros de entrenamiento en el Reino Unido.
Portaaviones
La fuerza se cimenta en los 2 portaaviones de la clase Queen Elizabeth (HMS Queen Elizabeth y HMS Prince of Wales), buques de 65.000 a 70.000 toneladas de desplazamiento. Aunque diseñados para operar con 36 cazas F-35B en un grupo aéreo estándar (y capacidad máxima de hasta 72), la disponibilidad real de aeronaves y pilotos ha sido limitada. Han sufrido averías relevantes (como la rotura del eje de hélice del Prince of Wales) y tensiones derivadas de la falta de buques de escolta y de apoyo logístico dedicados. Esto viene limitando en gran medida su capacidad de despliegue, que mayormente se ha centrado en las aguas alrededor del Reino Unido.
Estos portaaviones, cuyo programa comienza con la Revisión Estratégica de Defensa de 1998, si bien significaron una vuelta a los grandes portaaviones de la Royal Navy desde la baja del HMS Hermes apenas terminada la Guerra de Malvinas, tuvieron un efecto negativo grande por la fuerza, ya que su costo excesivo y complejidad llevaron tanto a demoras en su entrega como a la necesidad de suprimir o reducir otros programas de defensa, lo cual incluyó una reducción de la cantidad de buques de escolta. En 2010 hubo otra revisión de los gastos de defensa que llevó a una mayor reducción, con la baja anticipada de los aviones Harrier, la cancelación del programa Nimrod MRA4 para modernizar los aviones de patrulla y la reducción en la flota de destructores Tipo 45.
Actualmente ambos portaaviones están operativos y el HMS Prince of Wales fue desplegado a Noruega para la Operación Firecrest en octubre, junto con aviones F-35B y helicópteros Merlin y Wildcat, escoltado por el destructor HMS Daun


