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Muchos sellos, ¿poca política?

Por Natalia Jañez La multiplicación de espacios políticos puede ser una expresión de pluralidad. Pero también puede esconder una dificultad que deberíamos animarnos a discutir: qué estamos construyendo cuando cada diferencia termina en un nuevo partido y cada elección parece empezar de cero. Hay algo que cada tanto deberíamos preguntarnos cuando miramos el mapa político […]

Ushuaia Noticias2 minutos de lectura
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Muchos sellos, ¿poca política?

Por Natalia Jañez
La multiplicación de espacios políticos puede ser una expresión de pluralidad. Pero también puede esconder una dificultad que deberíamos animarnos a discutir: qué estamos construyendo cuando cada diferencia termina en un nuevo partido y cada elección parece empezar de cero.
Hay algo que cada tanto deberíamos preguntarnos cuando miramos el mapa político de Tierra del Fuego.
¿Estamos creando nuevos partidos porque aparecen nuevas ideas o porque dejamos de saber convivir con las diferencias?
La pregunta incomoda. Y quizás por eso vale la pena hacerla.
La democracia necesita pluralidad. Necesita nuevas voces, nuevas generaciones y la posibilidad de que quienes no se sienten representados puedan construir una alternativa. Nadie debería cuestionar eso.
Pero una cosa es ampliar la representación y otra, muy distinta, es multiplicar los sellos.
Porque un partido debería ser mucho más que una herramienta para llegar a una elección. Debería tener identidad, ideas, valores y un proyecto de provincia.
Y ahí aparece una de las discusiones que quizás estamos evitando.
Tal vez el problema no sea que haya demasiados partidos. Tal vez el problema sea que nos acostumbramos demasiado rápido a fundar uno nuevo cada vez que una discusión interna no termina como queríamos.
Es más fácil abrir un sello que construir una mayoría.
Es más sencillo cambiar de partido que transformar una cultura política.
Y bastante más cómodo estrenar una candidatura que sostener durante años un proyecto.
No se trata de defender a los partidos tradicionales como si fueran perfectos. No lo son. Muchas veces fueron sus propias limitaciones, sus estructuras cerradas y su incapacidad para escuchar las que generaron nuevas expresiones.
Pero tampoco podemos confundir renovación con improvisación.
La política necesita dirigentes capaces de construir. Y construir lleva tiempo. Requiere ideas, organización, convicciones y, sobre todo, la capacidad de convivir con quienes piensan distinto sin que cada diferencia termine en una ruptura.
Porque si cada elección empieza de cero, también empieza de cero buena parte de la discusión sobre qué provincia queremos.
Y Tierra del Fuego necesita algo más que nuevas boletas.
Necesita discutir qué quiere ser. Qué modelo de desarrollo pretende. Qué lugar quiere darle a la educación, al trabajo, a la producción, a la infraestructura y a las oportunidades para quienes viven acá.
Eso requiere proyecto. Y un proyecto necesita algo que hoy parece escaso: tiempo, coherencia y voluntad de construir con otros.
Porque una boleta puede tener muchos nombres.
Lo difícil es que detrás de esos nombres haya una idea de provincia.
Y eso no se resuelve creando otro partido.

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