Recibir un resultado de glucemia elevada puede preocupar. Muchas personas piensan enseguida: “Tengo que dejar el azúcar”. Sin embargo, la glucosa en sangre no depende solamente de las golosinas, los postres o del azúcar que agregamos al café.
Los carbohidratos presentes en alimentos como el pan, el arroz, las pastas, la papa, las frutas, las legumbres o los lácteos también se transforman en glucosa. Esto no significa que haya que eliminarlos, sino revisar qué elegimos, en qué cantidad y cómo los combinamos.
Por ejemplo, no es lo mismo consumir un alimento rico en carbohidratos solo que acompañarlo con proteínas, verduras y fibra. Una fruta entera, además, conserva su fibra y se absorbe de manera más gradual que un jugo.
Por eso, frente a una glucemia elevada, el objetivo no debería ser sacar de golpe el pan, las frutas o las pastas. Algunas estrategias pueden ser sumar más verduras, elegir alimentos con mayor contenido de fibra, incorporar una fuente de proteínas en las comidas y reducir el consumo frecuente de bebidas azucaradas, golosinas y productos muy procesados.
También es importante el movimiento. Caminar más, disminuir el tiempo que pasamos sentados o incorporar actividad física de manera regular ayuda al organismo a utilizar mejor la glucosa.
Pero no todas las personas necesitan hacer los mismos cambios. Ahí es donde un buen asesoramiento nutricional resulta clave: permite evaluar cómo está comiendo esa persona, sus horarios, porciones, hábitos, nivel de actividad física y antecedentes para definir estrategias que realmente se adapten a su situación.
Cuidar la glucemia no significa vivir sin azúcares ni convertir la alimentación en una lista de prohibiciones. Significa aprender a elegir mejor, combinar los alimentos, mantenerse activo y construir hábitos que puedan sostenerse en el tiempo.
Porque muchas veces no se trata solamente de sacar esa cucharadita de azúcar del café, sino de mirar la alimentación y el estilo de vida en su conjunto.



