La flota viguesa de arrastreros congeladores inició con cautela y cierta preocupación la segunda campaña anual de pesca del calamar loligo en las Islas Malvinas. Los primeros días de actividad no están ofreciendo, por ahora, las señales que el sector esperaba para confirmar la recuperación del caladero y suponen un jarro de agua fría después de los resultados de la primera campaña, que habían alimentado el optimismo entre los armadores.
Los 16 arrastreros vinculados a sociedades mixtas con capital vigués continúan faenando en el caladero, pero el inicio de esta segunda fase vuelve a situar la biomasa y el comportamiento del recurso en el centro de las incertidumbres. Fuentes del sector explican que los últimos años la primera campaña se desarrolla de forma más estable, este año sumó 42.000 toneladas, y que es en la segunda cuando afloran las dudas sobre el nivel de biomasa disponible, su evolución y los desplazamientos y flujos migratorios del calamar.
El precedente pesa. Hace dos años, recuerdan, la segunda campaña terminó sin capturas, mientras que el ejercicio pasado permitió mejorar parcialmente la situación, con unas 10.000 toneladas. El objetivo ahora es repetir o aproximarse a las cifras del año pasado, aunque los primeros días no permiten todavía extraer conclusiones.
La incertidumbre tiene además una dimensión logística. La actividad debe programarse con semanas de antelación, por lo que cualquier cambio en las previsiones sobre la presencia del recurso condiciona de manera importante la gestión de los buques. Pese a ello, la flota mantiene su actividad y continúa aportando información a los científicos, en colaboración con los observadores y el Ministerio de Pesca del Gobierno de Falklands, el nombre británico de las Malvinas, dentro de un seguimiento que será imprescindible para conocer la evolución del recurso.
“Tendremos que ir viéndolo partido a partido”
Desde la flota advierten de que los científicos están manejando distintos escenarios y que el diagnóstico todavía no está cerrado. El año pasado se realizaron reuniones semanales para medir los niveles de biomasa para autorizar la pesca. El sector asume así que “tendremos que ir viéndolo partido a partido”, a la espera de comprobar cómo responde el caladero durante las próximas semanas. Insiste en que todavía es pronto para valorar la campaña y que habrá que dar tiempo a que la pesquería muestre su comportamiento, pero reconocen que el escenario actual es incierto.
Malvinas es uno de los pilares de la pesca viguesa de gran altura y, en los mejores ejercicios, permite capturar alrededor de 100.000 toneladas de loligo entre las dos campañas. Por eso, el sector evita anticipar escenarios negativos, pero admite que no dispone de un plan alternativo: seguirá los criterios que establezcan los científicos y priorizará la conservación del recurso a largo plazo. Fuente: atlantico.net – Fotografía: Vicente Alonso



