El negocio de USD 500 millones que Tierra del Fuego deja pasar mientras el mundo avanza

Daniel Leguizamón expuso con crudeza la falta de decisión política y planificación estratégica, donde la provincia tiene todas las ventajas para liderar el acceso al continente blanco, pero hoy “no participa prácticamente en nada” de una actividad científica, logística y económica en plena expansión. Río Grande. – En un escenario global donde la Antártida y el Atlántico Sur concentran cada vez más interés científico, logístico y geopolítico, Tierra del Fuego aparece, paradójicamente, como un actor ausente. Así lo planteó con contundencia Daniel Leguizamón, quien advirtió en diálogo con el programa ‘Buscando el Equilibrio’ por Radio Provincia que “la provincia no está logrando capitalizar un potencial que, por ubicación y condiciones naturales, debería tener como propio”. El diagnóstico es directo: existe

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El negocio de USD 500 millones que Tierra del Fuego deja pasar mientras el mundo avanza

Daniel Leguizamón expuso con crudeza la falta de decisión política y planificación estratégica, donde la provincia tiene todas las ventajas para liderar el acceso al continente blanco, pero hoy “no participa prácticamente en nada” de una actividad científica, logística y económica en plena expansión.

Río Grande. – En un escenario global donde la Antártida y el Atlántico Sur concentran cada vez más interés científico, logístico y geopolítico, Tierra del Fuego aparece, paradójicamente, como un actor ausente. Así lo planteó con contundencia Daniel Leguizamón, quien advirtió en diálogo con el programa ‘Buscando el Equilibrio’ por Radio Provincia que “la provincia no está logrando capitalizar un potencial que, por ubicación y condiciones naturales, debería tener como propio”.

El diagnóstico es directo: existe una intensa actividad en el cuadrante sudamericano antártico —el que está frente a las costas argentinas— pero la provincia “no participa prácticamente en nada”, a pesar de contar con ventajas comparativas que pocos territorios en el mundo poseen.

 

Un potencial ignorado

 

Leguizamón puso el foco en lo que definió como el “potencial circumpolar” de Tierra del Fuego, que no se limita únicamente a la Antártida, sino que incluye todo el entramado subantártico y del Atlántico Sur. Sin embargo, dentro de ese esquema, el continente blanco aparece como el eje central de oportunidades.

“Hay una gran actividad científica, académica y logística en la Antártida. Y todos esos países necesitan apoyo, necesitan servicios, necesitan una puerta de entrada. Tierra del Fuego podría serlo, pero hoy está afuera”, señaló.

Según detalló, alrededor de “24 países desarrollan programas científicos activos en la Antártida, en el marco del Tratado Antártico, ese despliegue implica una demanda constante de logística, transporte, abastecimiento y servicios especializados”.

El dato más elocuente surge de las estimaciones de la Fundación FINNOVA, donde el “movimiento económico global vinculado al acceso al continente blanco ronda los 500 millones de dólares anuales, de ese total, prácticamente nada queda en la economía fueguina”, dijo.

 

Ventajas que no se transforman en desarrollo

 

Para Leguizamón, el “problema no es la falta de recursos naturales o condiciones estructurales, sino la incapacidad de transformar esas ventajas en competitividad real”.

“Tierra del Fuego tiene todo, cercanía geográfica, un puerto natural en aguas profundas, un aeropuerto capaz de recibir cualquier tipo de avión, recursos humanos calificados y una actividad privada dinámica, pero no pudimos transformar esas ventajas comparativas en fortalezas competitivas”, explicó.

La comparación con el desarrollo turístico invernal resulta ilustrativa y al respecto sostuvo que “durante décadas, la provincia tuvo nieve, pero no generaba valor económico a partir de ella, recién cuando se invirtió en infraestructura, como el desarrollo del Cerro Castor y la ampliación del aeropuerto, ese recurso se convirtió en un motor económico”.

“Con la Antártida pasa exactamente lo mismo. El potencial está, pero falta la decisión de ponerlo en valor”, remarcó.

 

Chile, el espejo incómodo

 

Uno de los contrastes más marcados que expuso Leguizamón es el caso de Chile, particularmente con el desarrollo de Punta Arenas y Puerto Williams como plataformas logísticas antárticas.

Allí, explicó, existe una “política de Estado sostenida en el tiempo, donde el sector público, privado, académico y científico trabajan de manera articulada. Ese modelo permitió consolidar un verdadero ‘cluster antártico’ que hoy lidera gran parte de la actividad en la región”.

“El mundo hoy busca soluciones logísticas modernas, con enfoque científico, académico y privado, Chile entendió eso, nosotros seguimos discutiendo estructuras del siglo pasado”, cuestionó.

Un ejemplo concreto es que “mientras Chile realiza alrededor de 200 vuelos anuales hacia la Antártida, Argentina prácticamente no tiene operaciones aéreas regulares desde Tierra del Fuego”.

 

Centralismo y falta de decisión

 

El análisis también apunta a un problema estructural como lo es “la concentración de decisiones en el gobierno nacional y la falta de acompañamiento para desarrollar la provincia como puerta de entrada al continente blanco”.

“Las decisiones, las compras, la logística, todo se maneja desde Buenos Aires, a más de 3.000 kilómetros, incluso los rompehielos operan desde allá, es un esquema completamente centralista”, criticó.

A pesar de que existen leyes, proyectos y acuerdos que respaldan el desarrollo antártico desde Tierra del Fuego, Leguizamón señaló que “nunca hubo una decisión política firme para avanzar”.

“En Argentina no hay continuidad, un gobierno empieza algo y el siguiente lo descarta. Mientras tanto, otros países construyen sobre lo ya hecho”, sintetizó.

 

Infraestructura y planificación: el cuello de botella

 

Más allá del componente geopolítico, el especialista también vinculó la falta de desarrollo antártico con problemas internos de planificación e infraestructura.

El caso del puerto de Ushuaia es paradigmático, con más de “500 operaciones anuales y picos de alta demanda, hoy funciona al límite de su capacidad”.

“Es una herramienta estratégica, pero se está quedando chica, la provincia creció, pero la infraestructura no acompañó”, advirtió.

A esto se suman “déficits en rutas, conectividad y planificación urbana, que reflejan, según su visión, una falta de mirada a largo plazo”.

 

La deuda con el futuro

 

Leguizamón también introdujo un elemento menos visible pero clave como lo es la formación de recursos humanos especializados. “En Tierra del Fuego no se enseña Antártida y debería ser central, necesitamos formar profesionales que entiendan este territorio y puedan proyectarlo hacia el mundo”, planteó.

En esa línea, propuso pensar la “educación como una herramienta estratégica para construir soberanía a través del conocimiento y la diplomacia, especialmente en un contexto donde la vía militar es inviable”.

“La soberanía en la Antártida se va a definir por la vía diplomática y científica. Y para eso necesitamos gente preparada”, sostuvo.

 

Una oportunidad en manos de una nueva generación

 

Pese al diagnóstico crítico, Leguizamón destacó el rol de nuevas iniciativas como “FINNOVA, que buscan reactivar esta agenda con una mirada moderna y estratégica”.

“Hay una generación de jóvenes profesionales, formados y comprometidos, que entienden perfectamente el potencial que tenemos, pero necesitan espacio y acompañamiento político”, afirmó.

Para el especialista, el desafío es claro, salir de la “lógica de la urgencia permanente y construir una visión de largo plazo que permita a Tierra del Fuego insertarse en el sistema antártico internacional”.

“Hoy estamos apagando incendios todo el tiempo. Pero alguien tiene que pensar el futuro. Porque la oportunidad está, y si no la aprovechamos nosotros, la van a aprovechar otros”, concluyó.

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