La licenciada en Psicología Priscila Ferreyra habló con AIRE LIBRE FM sobre el impacto del acoso escolar, las señales de alerta y el rol clave de la familia y la escuela en la prevención.
En un contexto donde los casos de violencia escolar generan creciente preocupación en Argentina, la licenciada en Psicología Priscila Ferreyra analizó en diálogo con Aire Libre FM qué está ocurriendo con las infancias y adolescencias, y cómo se manifiesta el bullying en la actualidad.
“En principio por ahí ahora toma como más notoriedad este tipo de situaciones de bullying o acoso escolar. Pero esto viene sucediendo quizás ya hace mucho tiempo”, explicó, al tiempo que remarcó que no se trata de hechos aislados.
Según detalló, el acoso escolar responde a una dinámica más compleja: “No es una situación particular y que se da de forma azarosa, sino que intervienen tanto el agresor, aquel niño que es visto como vulnerable y a quien agreden, y también intervienen las personas que quedan como espectadores”.
En ese sentido, Ferreyra subrayó que el bullying tiene características claras: “Cuando decimos bullying lo podemos identificar a partir de tres características principales: hay una intención muy clara de dañar, es sistemático en el tiempo y existe una asimetría de poder”.
Además, advirtió que no solo participan agresores y víctimas, sino también el entorno: “Están aquellos que refuerzan esta actitud del agresor, quizás filman y lo suben a redes sociales. Y otros que no están de acuerdo, pero sostienen el silencio”.
Respecto a las señales de alerta, la profesional indicó que los adultos deben estar atentos a cambios en la conducta: “Sentimientos de angustia, tristeza persistente, baja confianza, ausencias reiteradas en el colegio o síntomas físicos como dolores de cabeza o estomacales pueden ser indicadores”.
También alertó sobre consecuencias más graves: “En casos más agudos puede aparecer ansiedad, depresión o conductas autolesivas”.
Sobre el rol de la familia, Ferreyra planteó una mirada integral: “A veces culpamos al agresor, pero hay que tener una lectura más amplia. Hay modelos parentales o contextos familiares complejos que inciden en estos comportamientos”.
En cuanto a las instituciones educativas, fue clara: “Los colegios tienen el deber de activar protocolos institucionales. No se trata solo de hablar con las partes, sino de un trabajo sostenido en el tiempo, con intervenciones que sean reparadoras y no solo punitivas”.
Asimismo, destacó la importancia de la prevención: “Es fundamental trabajar dentro de los colegios con talleres y generar espacios de diálogo también en el hogar, incluso cuando no hay casos concretos”.
Finalmente, remarcó la necesidad de escuchar a los jóvenes: “La intención siempre es validar lo que siente el niño o adolescente. A veces los adultos minimizamos con frases como ‘no pasa nada’ y eso no ayuda”.
Para la especialista, el desafío es colectivo: brindar herramientas, fortalecer el diálogo y construir vínculos más saludables desde todos los ámbitos.
(EN EL AUDIO LA ENTREVISTA COMPLETA)
Aire Libre FM 96.3



