Tras la presión de bloques opositores, científicos y organizaciones ambientalistas, finalmente la Cámara de Diputados convocó a una audiencia pública para los días 25 y 26 de marzo de 2026. Un experto del CONICET analiza los los riesgos que generaría la reforma para estos ecosistemas y desmenuza las posibles consecuencias.
Agustina Lima (Agencia CTyS-UNLaM)- Son semanas clave en torno a la Ley de Glaciares. Tras lograr a fines de febrero la media sanción en el Senado de la reforma, el oficialismo debió aceptar la convocatoria de una audiencia pública para los días 25 y 26 de marzo de 2026. A días de su lanzamiento, ya hay más de 18 mil inscriptos para participar.
Lo que pretendían desde el Ejecutivo que fuera un trámite express deberá esperar. Si bien la audiencia no es vinculante, se espera que la ciudadanía se exprese -a favor o en contra de la modificación-, y generar mayor debate en la antesala de la votación en la cámara baja, que pasaría para luego de Semana Santa.
En diálogo con la Agencia CTyS-UNLaM, el doctor en Ciencias Geológicas, Mateo Martini, investigador asistente en el CONICET-UNC, alertó sobre la pérdida de protección que sufrirían los glaciares ante las modificaciones de la ley, el rol clave del IANIGLA en la toma de decisiones y el carácter estratégico de las reservas de agua dulce.
De las principales diferencias entre la Ley de Glaciares vigente y la reforma que propone el Gobierno, ¿cuáles son aquellos puntos que generan más preocupación en el área científica?
A partir de la actual Ley de Glaciares se realizó un Inventario Nacional de Glaciares a cargo del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA) en coordinación con las provincias. Hoy en día, tanto los glaciares como el ambiente periglacial están protegidos por esta ley y sobre ellos no se pueden desarrollar actividades que modifiquen su condición natural.
Con la reforma propuesta a la ley, tanto los glaciares como el ambiente periglacial pierden su protección integral que mantienen hasta hoy. Las provincias pueden solicitar que ciertas geoformas sean excluídas del Inventario Nacional de Glaciares si consideran que no cumplen con las funciones de reserva estratégica de recursos hídricos y como proveedoras de agua para la recarga de cuencas hidrográficas.
De esta manera, tanto glaciares como glaciares de escombros (ambiente periglacial) pueden ser removidos total o parcialmente debido a actividades antrópicas modificando notablemente el ambiente de la criósfera de montaña, que es particularmente sensible a perturbaciones externas. Además, le quita al IANIGLA el poder de decisión sobre el inventario, siendo este un instituto con amplia trayectoria y reconocimiento en la temática que cuenta con investigadores y técnicos de reconocimiento mundial.
¿Qué papel juegan los glaciares y las zonas periglaciares como reservas de agua dulce y cómo podría afectarlos una modificación que reduzca su protección?
La Cordillera de los Andes en Argentina tiene una amplia variedad de geoformas de origen glaciar y periglacial. Las periglaciares, como los glaciares de escombros o glaciares de roca, son más abundantes en las regiones de clima árido a semiárido, ya que en ellas el hielo se preserva debajo de la superficie. Es en estos ambientes donde juegan un rol fundamental en la hidrológica de sistemas montañosos, ya que son el reservorio de agua en estado sólido y líquido, y actúan como reguladores de caudales.
Los glaciares y las geoformas periglaciales constituyen un sistema hidrológico interdependiente, por lo que cualquier modificación influye en su conjunto. Las alteraciones en estos elementos pueden provocar impactos significativos en el régimen hidrológico, la dinámica geomorfológica y el equilibrio ecológico de las cuencas de montaña. La génesis de un glaciar requiere de períodos que abarcan desde cientos hasta miles de años, mientras que su perturbación puede originar transformaciones abruptas e irreversibles.



