Río Grande en tiempos de Malvinas: memoria y vivencias desde la ciudad
Río Grande y Malvinas: el recuerdo de una infancia marcada por la historia El testimonio de Pablo Frizzera reconstruye cómo se vivió la guerra de Malvinas en la ciudad, desde la mirada de un adolescente que creció en Río Grande en los años 80.
Río Grande y Malvinas: el recuerdo de una infancia marcada por la historia
El testimonio de Pablo Frizzera reconstruye cómo se vivió la guerra de Malvinas en la ciudad, desde la mirada de un adolescente que creció en Río Grande en los años 80.
En el marco de los espacios de memoria que impulsa Aire Libre FM, el empresario textil Pablo Frizzera compartió su experiencia personal sobre cómo se vivió la Guerra de Malvinas en Río Grande, aportando una mirada íntima y cotidiana de aquellos años.
Una infancia entre cambios y descubrimientos
Nacido en Esquel, Frizzera llegó a Río Grande en 1980 junto a su familia, cuando apenas tenía tres años. El traslado, motivado por el trabajo de su padre en el área forestal, implicó un cambio profundo: de un entorno de bosques y montañas a una ciudad aún pequeña, sin vegetación y con características muy distintas.
Sin embargo, algunos aspectos lo sorprendieron positivamente. La posibilidad de contar con gas natural, agua caliente y televisión en color fueron detalles que marcaron su primera impresión del lugar.
El impacto de Malvinas en la vida cotidiana
En 1982, mientras cursaba la escuela secundaria en el colegio Don Bosco, la noticia del inicio del conflicto llegó de manera abrupta. “Nadie se levanta, acá no hay nada que festejar”, recordó como una frase que lo marcó profundamente en el aula, en medio de la confusión general.
A pesar de la cercanía geográfica con el conflicto, Frizzera describió que la guerra se vivía con cierta distancia emocional en la vida diaria, aunque con señales concretas que evidenciaban la situación: sirenas, oscurecimientos obligatorios en las casas y controles barriales para evitar cualquier filtración de luz.
La ciudad en tiempos de guerra
Río Grande de principios de los años 80 era una ciudad muy distinta a la actual. Con apenas unos pocos miles de habitantes, calles mayormente sin asfaltar y un entorno abierto al viento, la vida comunitaria era intensa y cercana.
Durante el conflicto, los vecinos debían cubrir las ventanas con frazadas o nylon negro, mientras que los vehículos circulaban con las luces parcialmente tapadas. La figura del “jefe de cuadra” era clave para garantizar el cumplimiento de estas medidas.
Además, la presencia de soldados era habitual. Muchas familias abrían sus puertas para recibirlos, compartir alimentos y brindar contención. Ese acompañamiento dejó una huella profunda en la memoria colectiva.
La memoria y el paso del tiempo
Con el paso de los años, aquellos recuerdos adquirieron un significado distinto. Frizzera destacó el compromiso de la comunidad fueguina y el reconocimiento hacia los excombatientes, algo que aún hoy se refleja en las vigilias y actos conmemorativos.
“La gente fue muy valiente”, expresó, al recordar especialmente el rol de las familias durante el conflicto. También remarcó el impacto emocional que genera ver a las nuevas generaciones mantener viva la memoria de Malvinas.
Río Grande, un lugar en el mundo
A más de cuatro décadas de aquellos hechos, Frizzera reafirma su vínculo con la ciudad. Allí formó su familia, desarrolló su actividad comercial y construyó su vida.
“No concibo otro lugar que no sea Tierra del Fuego”, aseguró, destacando la tranquilidad, la comunidad y el sentido de pertenencia como los principales valores que lo mantienen arraigado.
Nota basada en el testimonio emitido en Aire Libre FM – Espacio de memoria sobre Malvinas.