Otro año de devoción a San Cayetano en el santuario de cabo Domingo
Como todos los 7 de agosto centenares de riograndenses –así como en todo el país- se movilizan de todas las formas posibles para acercarse a los santuarios de San Cayetano tanto para pedir como para agradecer. Este año no fue la excepción con vecinos de Río Grande que se acercan caminando, en bicicleta o en […]
Como todos los 7 de agosto centenares de riograndenses –así como en todo el país- se movilizan de todas las formas posibles para acercarse a los santuarios de San Cayetano tanto para pedir como para agradecer.
Este año no fue la excepción con vecinos de Río Grande que se acercan caminando, en bicicleta o en automóvil a los santuarios del Cabo Domingo, donde se erigen dos hermitas dedicada al santo patrono del “pan y trabajo”.
La devoción por San Cayetano es singular entre los argentinos, ya que su vida e historia son totalmente ajenos a la república Argentina, transcurriendo incluso siglos antes de que el país se estableciera como tal.
San Cayetano de Thiene nació en 1480 en Vicenza, república de Venecia en ese entonces, estudió en Padua y Roma y fundó la Orden de los Teatinos. Su obra principal la desarrolló en Nápoles, entonces bajo dominio español.
Canonizado en 1671 junto a santos españoles y a Santa Rosa de Lima, su devoción cruzó el océano y llegó a América, primero a Santiago del Estero desde donde, Santa María Antonia de San José, “Mama Antula”, lo llevó a Buenos Aires.
Así se difundió su imagen en una tierra argentina a la que su obra fue totalmente ajena. Años después la Madre Agustina Cepeda impulsó la construcción de su iglesia en Liniers que sufrió diversas modificaciones históricas hasta el emplazamiento actual que hoy recibe a miles de devotos.
En la década de 1930 apareció la imagen popular conocida como “El Milagroso” con espigas de trigo y azucenas, por lo que desde entonces se lo venera como patrono del pan y del trabajo.