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Obesidad: cuando el problema no es la falta de voluntad

El Sureño

“Comé menos”, “hacé más ejercicio”, “te falta voluntad”. Son frases que muchas personas con obesidad escuchan a diario. Sin embargo, hoy sabemos que la realidad es mucho más compleja y…

“Comé menos”, “hacé más ejercicio”, “te falta voluntad”. Son frases que muchas personas con obesidad escuchan a diario. Sin embargo, hoy sabemos que la realidad es mucho más compleja y que lo que funciona para una persona no siempre funciona para otra.



La obesidad es una enfermedad crónica en la que intervienen factores biológicos, hormonales, genéticos, ambientales y emocionales. No depende únicamente de las decisiones que una persona toma frente al plato, sino también de cómo funciona su organismo.

Nuestro cuerpo cuenta con un sistema que regula el hambre, la saciedad y el gasto de energía. Cuando una persona desarrolla obesidad, ese sistema puede alterarse. El cerebro comienza a “defender” un peso corporal más alto y pone en marcha mecanismos para evitar que se pierda. Por eso, al bajar de peso es frecuente sentir más hambre y que el cuerpo gaste menos energía, haciendo mucho más difícil mantener el descenso.

A esto se suma otro aspecto poco conocido: la grasa corporal no es un simple depósito de energía. El tejido adiposo funciona como un órgano que produce hormonas y sustancias que influyen sobre todo el organismo. Cuando ese tejido deja de funcionar correctamente, genera una inflamación crónica de bajo grado, una inflamación silenciosa y persistente que, con el tiempo, favorece problemas como la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2, el hígado graso, la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares.

Esto no significa que la alimentación y la actividad física no sean importantes. Lo son y siguen siendo pilares fundamentales del tratamiento. Pero reducir la obesidad a una cuestión de “poner más voluntad” es simplificar una enfermedad compleja que involucra al cerebro, las hormonas, el metabolismo y el tejido adiposo.

Entender que la obesidad es mucho más que una cuestión de voluntad nos invita a mirar esta enfermedad con menos prejuicios y más empatía. Porque detrás de cada persona hay una historia, y comprenderla es el primer paso para cuidar su salud.