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Misa Crismal en Río Gallegos reunió al clero de Santa Cruz y Tierra del Fuego

El Sureño

El obispo de Río Gallegos, monseñor Ignacio Medina, celebró la misa crismal en el santuario de San Cayetano, acompañado por su obispo auxiliar, monseñor Fabián González Balsa, junto al clero…

El obispo de Río Gallegos, monseñor Ignacio Medina, celebró la misa crismal en el santuario de San Cayetano, acompañado por su obispo auxiliar, monseñor Fabián González Balsa, junto al clero de Santa Cruz y Tierra del Fuego.

RIO GALLEGOS (AICA).-La celebración reunió a sacerdotes y fieles en uno de los momentos más significativos del año litúrgico, en el que se bendicen los óleos y se consagra el Santo Crisma, signos que acompañan la vida sacramental de la Iglesia.

En la Eucaristía, Guillermo Mendoza recibió la ordenación diaconal, en lo que fue presentado como «un momento de gracia particular» para la diócesis.

Durante su homilía, monseñor Medina destacó que la liturgia «introduce en el corazón mismo del ministerio de la Iglesia», al contemplar a Cristo como el Ungido del Padre, y señaló que toda la misión eclesial nace de esa identidad que se prolonga en la vida de la Iglesia.

Al referirse a las lecturas, evocó el texto del profeta Isaías -«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido»-, al que definió como una profecía mesiánica que anuncia la misión de llevar la buena noticia a los pobres, sanar a los corazones heridos y proclamar la libertad. En esa línea, recordó el pasaje evangélico en el que Jesús, en la sinagoga de Nazaret, afirma: «Hoy se cumple esta Escritura», y subrayó que esa expresión sigue vigente en la vida de la Iglesia.

El obispo también explicó el significado de los óleos bendecidos en la Misa Crismal, indicando que el óleo de los catecúmenos fortalece a quienes se preparan para el bautismo, el de los enfermos consuela y sostiene a quienes sufren, y el Santo Crisma se utiliza en el bautismo, la confirmación y el orden sacerdotal. «Estos signos nos recuerdan una verdad profunda: la unción de Cristo continúa en su Iglesia», expresó.

Asimismo, citó el libro del Apocalipsis al afirmar que Jesucristo «nos ama y nos ha liberado de nuestros pecados por su sangre, y ha hecho de nosotros un reino de sacerdotes para Dios», y destacó que los presbíteros son llamados de modo particular a servir a ese sacerdocio del pueblo de Dios. En ese contexto, invitó a renovar las promesas sacerdotales, recordando que el ministerio «no es un honor humano, sino una misión al servicio del Evangelio».

Dirigiéndose al nuevo diácono, subrayó que el diaconado «no es simplemente una función dentro de la Iglesia, sino un sacramento que configura con Cristo servidor», y recordó que su ministerio se despliega en tres dimensiones: el servicio a la Palabra, al altar y a la caridad. En ese sentido, afirmó que el diácono está llamado a hacer visible que la fe se concreta en el servicio, especialmente hacia los pobres, los que sufren y quienes se encuentran en las periferias.

Por último, el obispo destacó la actualidad del mensaje evangélico al señalar que el «hoy» en el que se cumple la Escritura continúa en la vida de la Iglesia cada vez que se anuncia el Evangelio, se perdonan los pecados y se acompaña a quienes sufren. Concluyó recordando que Cristo es «el Alfa y la Omega, el principio y el fin», e invitó a toda la comunidad a permanecer unida a Él para que la Iglesia sea signo de esperanza en el mundo.