Jorge Julio López: Veinte años sin Verdad ni Justicia
El CELS reclamó saber qué pasó con Jorge Julio López por medio una carta abierta. A veinte años de su segunda desaparición, persisten dos ...
El CELS reclamó saber qué pasó con Jorge Julio López por medio una carta abierta.
A veinte años de su segunda desaparición, persisten dos incertidumbres derivadas de la acción estatal: la de sus familiares, amigos y compañeros sobre dónde está y qué pasó, y una incertidumbre política sobre si persisten núcleos represivos clandestinos con capacidad de garantizarse impunidad.
Jorge Julio López desapareció en la etapa de alegatos del primer juicio iniciado después de la declaración de inconstitucionalidad de la leyes de impunidad. Era uno de los testigos en el proceso que juzgaba a Miguel Etchecolatz, director de investigaciones de la Policía Bonaerense, uno de los principales responsables del circuito represivo denominado “Camps”, una estructura de exterminio que operó en la zona sur del Área Metropolitana de Buenos Aires e incluyó casi treinta centros clandestinos y al menos 300 víctimas.
Las palabras de López en ese juicio conmocionaron a todos: dio testimonio sobre los crímenes de sus compañeros de cautiverio. Pocos días después, desapareció y la conmoción fue mayor aún. Era imposible no pensar que la suya fue una segunda desaparición ligada con la primera. Que las estructuras represivas solo estaban dormidas, latentes, amenazantes frente a los primeros avances de un proceso de justicia, tan esperado. En esos primeros meses, las amenazas e intimidaciones a testigos eran frecuentes; luego, se crearon estructuras de protección.
López fue secuestrado por primera vez el 27 de octubre de 1976, durante la última dictadura. Permaneció detenido-desaparecido hasta el 4 de abril de 1977 y pasó por distintos centros clandestinos de detención del circuito represivo de La Plata, donde fue torturado y presenció secuestros, tormentos y asesinatos. López vio a Etchecolatz durante su cautiverio y lo señaló como su torturador. Después fue puesto a disposición del Poder Ejecutivo y permaneció como preso político hasta el 25 de junio de 1979. Su testimonio, frente a Etchecolatz, fue una prueba fundamental en el juicio.
Hace veinte años que su ausencia persiste. El Estado tiene que buscarlo y esa búsqueda tiene que sostenerse mientras no se sepa qué ocurrió. Dos décadas después, no hubo, ni hay, una investigación a la altura de la gravedad del hecho. No hay explicación sobre quién busca hoy a Jorge Julio López, con qué hipótesis, con qué plan y qué medidas pendientes.
No hubo verdad ni justicia por Jorge Julio López. No hay respuesta ni una rendición de cuentas sobre los motivos de esta imposibilidad. Dos tipos de incertidumbre se derivan de la acción del Estado. Por un lado, la de sus familiares, compañeros y amigos que llevan veinte años golpeando puertas, que demasiadas veces no se abren. Y al mismo tiempo, una incertidumbre política: ¿persisten núcleos represivos clandestinos con capacidad de garantizarse impunidad? En la medida en que las instituciones responsables no la respondieron, esa pregunta sigue abierta.
Jorge Julio López, presente.