Dyson pone una cámara y un algoritmo de IA en tu boca con su nuevo cepillo
James Dyson ha presentado esta mañana en París el producto más improbable del catálogo de su empresa. No es una aspiradora ni un ventilador. Es un cepillo de dientes que…
James Dyson ha presentado esta mañana en París el producto más improbable del catálogo de su empresa. No es una aspiradora ni un ventilador. Es un cepillo de dientes que lleva dentro una cámara. Seis años de desarrollo, 661 ingenieros, 38 patentes y 16 millones de líneas de código han sido necesarios para encontrar una forma novedosa de resolver el viejo problema de la higiene bucal.
Se llama Dyson CameraJet y sale a la venta hoy mismo con un precio bastante alto para lo que suelen costar los cepillos de dientes, incluso los más avanzados. Costará 479 euros y estará disponible en dos colores: azul Ceramic Ultra Blue y rosa Ceramic Pink.
El precio incluye la base de carga, la pasta de dientes y el enjuague bucal que Dyson ha formulado específicamente para que el aparato funcione, pero también mucha tecnología dentro del dispositivo.
Bajo las cerdas, protegida por un capuchón de plástico, hay una lente macro de 100.000 píxeles que analiza 28 imágenes por segundo. Un algoritmo de aprendizaje automático que Dyson llama Gap Optical Targeting busca en esas imágenes los huecos interdentales; cuando los encuentra, tarda 100 milisegundos en activar un chorro cónico de enjuague bucal dirigido al espacio detectado. La iluminación y los destellos de la cámara funcionan a 257 Hz, sincronizados de forma independiente del cabezal, que se mueve casi mil veces por segundo. El sistema se entrenó con 470.000 imágenes dentales recopiladas durante la fase de desarrollo.
La lógica es la misma que Dyson aplica en sus aspiradores con detección óptica de suciedad, solo que aquí el suelo es una muela. Y el argumento comercial se apoya en que nueve de cada diez personas no usan el hilo dental con la frecuencia recomendada y la media de cepillado se queda en 45 segundos, muy lejos de los dos minutos que piden los dentistas.
La parte más interesante desde el punto de vista de ingeniería no es la cámara, sino el depósito del enjuague. Los irrigadores convencionales lanzan un chorro laminar en forma de aguja que, según las pruebas de Dyson (sobre un modelo de placa artificial desarrollado durante cinco años con la Facultad de Odontología de la Universidad Nacional de Singapur), perfora la placa pero no la despega. El chorro cónico de Dyson cubre más superficie a menos presión.
Ese chorro sale de un depósito de apenas 12,5 mililitros de capacidad, con una bomba de diafragma y una cámara de presión de silicona que se hincha y se deshincha para mantener el caudal en cualquier postura. Es lo que Dyson llama depósito «antigravedad» y resuelve el problema de irrigar los molares con el cepillo en posición horizontal. Un depósito tan pequeño solo es viable porque la cámara evita que el aparato dispare a ciegas. La base rellena el tanque en tres segundos pulsando un botón.
El cabezal tiene dos tipos de cerda, una interior más firme para las manchas y otra exterior más suave para la línea de las encías, un amortiguador acústico y una etiqueta RFID que cuenta los usos y avisa de cuándo cambiarlo a través de una app en el móvil. Dyson afirma que su oscilación sónica variable elimina hasta un 69% más de placa que los eléctricos premium líderes en zonas de difícil acceso.
La cámara, asegura Dyson, no almacena vídeos en ningún momento. Ni en el dispositivo, ni en el móvil, ni en la nube. La lente solo se activa durante la visualización en directo o la irrigación automática, y un LED blanco se enciende siempre que está funcionando.
El cepillo, eso sí, requiere una pasta de dientes especial, una que no lleve los agentes espumantes habituales porque la espuma cegaría la cámara. El enjuague también es de baja espumosidad por la misma razón y el cepillo es de uso individual. Cambiar el cabezal no basta porque el conducto del líquido atraviesa el mango y Dyson prefiere no arriesgarse a una contaminación cruzada.
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