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A 77 años del hundimiento del rastreador ARA «Fournier”

El Sureño

En 1949, 77 tripulantes perdieron la vida en las frías y turbulentas aguas del Estrecho de Magallanes. USHUAIA (La Gaceta Marinera).- Gloria a los bravos marinos, hijos titanes del mar,…

En 1949, 77 tripulantes perdieron la vida en las frías y turbulentas aguas del Estrecho de Magallanes.

USHUAIA (La Gaceta Marinera).- Gloria a los bravos marinos, hijos titanes del mar, dice la primera estrofa del «Himno a las víctimas del rastreador Fournier». Esa frase resume el sentimiento que la Armada renueva cada 22 de septiembre en homenaje a los 77 hombres que perdieron la vida en 1949, en el naufragio del rastreador ARA «Fournier».

La Armada Argentina incorporó la unidad en octubre de 1940. Había sido botado en los astilleros de San Fernando, el 5 de abril de 1939. Era el segundo buque de la Armada con ese nombre, en honor al marino de origen francés César Fournier, quien luchó por la independencia argentina y contra el Imperio del Brasil.

Durante casi diez años el «Fournier» demostró versatilidad. Formó parte de la Escuadrilla de Rastreo y Minado con asiento en la Base Naval Puerto Belgrano y, desde 1948, integró la División Rastreadores de la Zona Naval Marítima. Apoyó la Campaña Antártica 1942-43, operó con la Flota del Mar y en junio de 1947 llegó a la Base Antártica Decepción. En sus páginas de servicio figura el rescate, en medio de grandes temporales, del remolcador «Olco» y del velero chileno «Cóndor».

En agosto de 1949, el “Fournier” quedó destacado como buque de estación en Ushuaia. Su tarea era dar apoyo a otras naves, patrullar, controlar la caza y la pesca ilegal, y asistir a los pobladores alejados de la ciudad. Al mando del Capitán de Corbeta Carlos Negri, llevaba 75 hombres de la Armada y dos civiles: el naturalista Raúl Wernicke (suegro del comandante) y su hijo Julio.

El hundimiento

El buque zarpó por última vez el miércoles 21 de septiembre de 1949 desde Río Gallegos con destino a Ushuaia. Horas más tarde, un temporal lo sorprendió en el Estrecho de Magallanes. Olas furiosas golpearon al «Fournier» sin piedad, que dio vuelta de campana y se hundió en las aguas heladas del Estrecho de Magallanes.

Los relojes de los marinos hallados tras el naufragio se habían detenido entre las 4:20 y las 4:25 del día 22, apenas minutos antes del final.

La búsqueda

Cuando el «Fournier» no llegó a destino, la Armada dio la voz de alarma. Se formó una patrulla de exploración conformada por el ARA “Chiriguano”, el ARA Sanavirón, la fragata ARA “Trinidad”, el buque oceanográfico ARA “Bahía Blanca” y al rastreador ARA “Spiro”. El gobierno chileno también sumó unidades a la búsqueda.

Recién el 27 de septiembre -seis días después del naufragio- se conoció el último dato cierto sobre el «Fournier»: el personal del faro de Punta Dúngenes había visto pasar al buque por su través a las 16:35 del día 21, poco antes de que la tormenta lo hallara. Hasta ese momento, nadie sabía siquiera por dónde empezar a mirar.

El 3 de octubre, un avión divisó restos de un naufragio en Punta Cono, a la entrada del Canal San Gabriel, 60 millas al sur de Punta Arenas. Los buques «Bahía Blanca» y «Sanavirón» llegaron esa misma tarde y hallaron dos lanchas rotas, un salvavidas y un cuerpo. Un poblador chileno encontró otro cuerpo; las naves argentinas recuperaron dos más a orillas del Canal San Gabriel; y a veinte metros de la costa de Bahía Catalina apareció una balsa con otros cinco cuerpos, entre ellos el del propio comandante. En total, nueve de los 77 tripulantes fueron hallados.

Duelo nacional

La noticia conmocionó al país. Los diarios de la época no dudaron en calificarla como «la peor tragedia de la Marina en tiempos de paz». El presidente Juan Domingo Perón decretó tres días de duelo nacional, con la bandera a media asta, y se suspendieron los actos previstos para el 12 de octubre.

El entonces ministro de Marina, Enrique García, expresó en una orden general que el ejemplo de los marinos caídos en cumplimiento de su misión, y el de sus camaradas en las tareas de rescate, debía quedar grabado en el sentimiento de toda la Armada como el mejor homenaje posible.

El 14 de octubre, a las cuatro de la tarde, una multitud se reunió en el puerto de Buenos Aires para recibir los restos. La fragata «Heroína» los trasladó y los desembarcó en el muelle oeste de la Dársena A, escoltada por dos torpederos, una fragata, tres rastreadores y cuatro lanchas torpederas, mientras aviones de la Aviación Naval sobrevolaban la escena. En tierra, una Compañía de Cadetes de la Escuela Naval Militar, cuatro Compañías de la Escuela de Suboficiales y una Compañía de Infantería de Marina rindieron los honores durante el desembarco de los ataúdes. El cortejo cerró la jornada en el predio de la Escuela, donde se realizó el velatorio.

Desde entonces, los homenajes al «Fournier» y su tripulación no cesaron: sellos postales, monumentos, calles con su nombre en distintas ciudades. Cada 22 de septiembre, la Armada les rinde homenaje a sus 77 tripulantes.